Al entrar en el establecimiento, el tintineo de la puerta delató mi presencia y una agradable voz femenina, que venía del interior, me pidió que aguardara un momento.
En esos instantes pensé que debía ser joven, imaginé que era guapa y soñé que me sonreiría y tomaría mi mano con inocencia.
Salió una chica rellenita, sencilla al vestir y sin nada especial. Hasta que me miró, a través de sus coloridas gafas, con unos preciosos ojos azules como el hielo y suficientes como para componer una canción.
Dos sonrisas mas tarde le hice una pregunta. Mientras buscaba una respuesta en su ordenador su mano cogió un teléfono y jugueteó distraidamente con el haciéndolo girar.
Finalmente se dio por vencida y decidió hacer una llamada. Una voz de mujer, desconocida para mi, le respondió al otro lado del aparato. Ella me miró con sus bonitos ojos y sonrió.
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