Me encontraba en una tienda de deporte probándome unas zapatillas. Estas estaban en la parte inferior de una estantería y me obligaba a estar agachado para ver modelos. Entonces se acercó a mi una chica de ojos azules y una sonrisa encantadora.
Su piel era clara como un atardecer de verano. Un helado de fresa y vainilla que contemple desde lejos con nulas posibilidades de saborearlo.
Estaba descalza y lucia unos graciosos calcetines con dibujos infantiles.
-Perdone pero sabe si estas zapatillas son de fútbol sala
-Si, creo que la suela es bastante lisa por lo que pienso que si
-Es que yo antes hacia fútbol en campo y ahora he cambiado...
Yo seguía hablándola sin incorporarme, para no demostrar demasiada predisposición, ni evidenciar mi entusiasmo.
Estaba contestando, haciendo alarde de mi sabiduría, excasísisma, de fútbol, cuando un fortísimo olor me vino de repente y no pude concentrarme en seguir hablando, teniendo que dejar que se diera por perdida la conversación.
Al girarme descubrí que el olor venia de sus zapatillas que acababa de abandonar a su suerte, mientras caminaba por el lugar dejando a su vez un rastro de olor
que nublaba mis sentidos y me aturdía hasta el mareo.
Después intuí que se trataba de un sistema defensivo y que inconscientemente se activaba al acercarse a hombres como yo.
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