lunes, 23 de septiembre de 2019

La Farmacia

Al acercarme a la farmacia que esa noche estaba de guardia, me encontré con una pequeña ventanilla que se abría y cerraba solo para intercambiar medicamentos por dinero y por la que no se podía ver el interior ni desde la que no podía contemplarse el exterior. 
Para comunicarnos con la misteriosa persona que estaba al otro lado, había un pequeño altavoz por el que salia su voz y le llegaba la nuestra.
Cuando llegó mi turno una voz angelical llegó desde el otro lado.
-Buenas noches. ¿Qué desea?
-Hola. Quería algo para la tos, para curarla.
Ella me aconsejó y preguntó algunos detalles. pero yo solo atendía a la dulzura de sus palabras, su tono entrañable y profundo, evocador de lugares mágicos y momentos inolvidables. 

La imaginaba como una princesa en su almena hablando desde una saetera o una hechicera detrás de un biombo, consejera de amores y desamores.
-Tiene usted una voz muy hermosa
-Gracias caballero. Será el microfono.
-¿No le han pedido nunca como remedio un poco de conversacion? Su voz sanaría a las personas.
-Creo que se excede caballero. Pero lo tomaré como un cumplido.
-Perdone el atrevimiento pero me ha encantado oírla. Creo que se me ha curado la tos.
Creo escuchar alguna risita , como una melodía lejana.
-Bien en ese caso vuelva cuando tenga de nuevo tos.
-Eso haré.
Respondí ruborizado, entusiasmado y con una voz fuerte y clara.

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