lunes, 10 de junio de 2019

Paseando al can

Esa señorita tenia por costumbre sacar a pasear a su perros al comienzo de la tarde. Aprovechaban estos a dejar resueltas sus necesidades y a tomar el olor de los innumerables rastros que dejaban otros de su especie. Eran dos pequeños perros uno apenas un cachorro asustadizo de patillas temblorosas y mirada lastimera que aprendía poco a poco del mundo observando a su longevo compañero, bastante mas avispado y arrogante que caminaba por la calle como si no tuviera amo.

Entonces el ama le increpó a abandonar el árbol donde había echado su gotilla de orina, no sin antes expandir su olor con sus patas traseras provocando una leve nube de polvo y lanzando dos ladridos de desprobacion. Después abandonó el lugar con expresión altanera y sin querer tropezó con una raíz, pero recobró enseguida la postura y se irguió con inconsciente y natural dignidad, que ya hubiera querido interpretar para sí, su excelencia el duque del Infantado.

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