Una mañana de primavera tuve el tiempo y la paciencia de aventurarme a uno de los palacios de la administración pública, donde todo es incierto y nada es imposible.
Al entrar vi una amplia recepción silenciosa y ordenada, cuidada como si no se utilizara y a un lado una secretaria disimulada entre unas plantas y unos carteles.
Me acerque haciendo rechinar mis zapatos en un reluciente suelo de baldosas y alli la vi atareada en unos papeles o alucinada con el milagro de la composición de las letras pues tan ensimismada estaba con ellas que tardó en percatarse de mi presencia.
-Hola. Buenos días. Quería inscribirme en el taller de cuentos
Cuando la pregunte me miro unos instantes como si no creyera que existieran otros seres en este planeta y contestó con sequedad. forzando su falta de simpatia.
-A que taller se refiere aquí no hay ningún taller
Tuve que formular la misma pregunta tres veces gesticular incluso para facilitarle la comprensión de mi pregunta
-Es el taller de cuentos que anuncian el Ayto y me han dicho que aquí es la inscripción
Tras varias negaciones tuve que sacar mi último recurso.
-Tiene usted en la puerta un cartel donde lo dice
Desconcertada salí con ella y lo vio ajustándose las gafas como si no lo creyera
-Por eso he venido. Por lo que tienen puesto aquí.
-Ah pero eso no lo llevo yo eso lo lleva educación...
-Pero si dicen que venga aquí a inscribirme tendré que solucionarlo aquí.
-Ya pero eso no lo llevo yo. Espere que llamo a mi compañera. Es que llevo aquí pocos días...
Y sin embargo el cartel llevaba más tiempo y chocaba con el cada vez que entraba por la puerta.
No hay comentarios:
Publicar un comentario