lunes, 16 de septiembre de 2013

Para el Universo, no eres nada. Para mí, lo eres todo.



Es la luna, en su lejanía volcánica, que despierta tanto mi curiosidad y aviva el deseo al observarla, de ver cruzar sobre su superficie a algún objeto no identificado que nos despierte al mundo y al Universo, que nos ejercite el existencialismo hasta quedar agotados de dudas pero felices de saber que hay otro misterio en nuestra lineal e indiferente vida.
Así aparece la imagen lejana y misteriosa de tu rostro, irrumpiendo en mi memoria, abarrotada de recuerdos y cruzando a través de ella, nublando hasta mi capacidad de ser.

Colisionamos tan lentamente…

Ahora creo que es mejor verte que recordarte, porque tu ausencia me anula y tu etérea presencia me desconcierta, pero cuando estoy contigo al menos soy volátil y me diluyo en la atmósfera progresivamente. Y es ésta sensación tan placentera…
Deberías experimentarla, pero tu orgullo te eleva tan alto que la falta de gravedad ya te hace sentir lo que es la levitación y al contrario, te confirma de manera indiscutible. ¡Ah, qué lejanía tan distante y que memoria tan dispar! Yo no dejo de pensar en ti y tú no te dejas pensar en mí. Parece lo mismo pero no puede ser, tu esfuerzo es en sentido contrario al mío, por eso nunca nos encontraremos en este alunizaje. 

¿Dónde estás?

Y volveré a contemplar la luna, con sus misteriosos cráteres, reflejo de una realidad física no tan ajena a la del planeta en el que estamos. Desde el primer día que se contempló, la Tierra perdió algo de su exclusividad porque nos hizo entender que todo es una probabilidad. Y de esta manera la fusión de dos satélites, perdidos en el espacio, decidieron formar uno solo pero con dos rostros, tan distintos el uno del otro, tan esperanzadora unas veces y tan inaccesible otras.

Eres tú.

En un Universo tan amplio, como las ilusiones que me provocas, es la imaginación la que produce el infinito y la realidad la que lo simplifica, por eso es mejor no descubrirte, por eso es mejor seguir mirando las estrellas y admirarlas en su desconocimiento, en su lejana causalidad. Y seguir deseando alcanzarlas, como a ti, que siempre conservarás el misterio de los lugares inexplorados, de los que se narrarán leyendas y fascinarán los oídos de aquellos que quisieron creer sin conocer.

Navegaré por los cielos

Por eso es la luna, en su lejanía volcánica, que despierta tanto mi curiosidad…

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