Minutos previos a la celebración del encierro de toros
bravos por el campo, algunos aficionados se preparan con disimulado
nerviosismo. Se revisan y aprietan cordones de zapatillas, se ciñen pantalones
de chándal con ribete de bandera de España, se descubren tatuajes, se hacen
estiramientos a cual más inverosímil, se apuran botellines de cerveza, se
ejercita el esprín y se simulan subidas y bajadas a lugares confirmados como
seguros.
Estamos presenciando, sin lugar a dudas, los inicios de
las olimpiadas taurinas.
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